Hacer la compra puede transformar la sociedad

Hacer la compra puede transformar la sociedad

Los grupos de consumo y las huertas ecológicas son dos iniciativas cada vez más extendidas en España que permiten consumir alimentos sanos respetando los derechos de los agricultores y el medio ambiente. La Iglesia está presente en este ámbito desde hace 30 años

«Comprar es siempre un acto moral, y no sólo económico».

La frase es de Benedicto XVI y la utiliza el Papa Francisco en la encíclica Laudato si. Con el simple y cotidiano gesto de hacer la compra y comerte un tomate, «puedes estar luchando por las condiciones de trabajo de los agricultores, por el cuidado del medio ambiente y por tu propia salud, o condenando a los agricultores a trabajar la tierra en condiciones casi de explotación, contaminando la tierra por la cantidad de químicos que se utilizan y comiendo un tomate que no sepa a nada», explica Luis Rico, que coordina una veintena de grupos de consumo, en los que participan unas 300 personas. Iniciativas como esta demuestran «que otra forma de consumir es posible». Rico es uno de los responsables de La Ecomarca, una red para la distribución de productos ecológicos. «Nosotros hacemos de intermediario entre los pequeños agricultores y los grupos de consumo», explica.

¿Qué es un grupo de consumo?

En el mercado tradicional, «los intermediarios se quedan con el 90% de los beneficios y controlan toda la cadena», explica Luis Rico. Estos intermediarios perjudican «a los consumidores, porque les ofrecen un producto muy tratado con fertilizantes químicos, el típico tomate redondo, perfecto, resplandeciente, que cabe muy bien en una cajita», aunque se trata sólo de apariencia . Y controlan «al productor, descartando la mayoría del producto, explotando al agricultor, condenándole a unas penosas condiciones de trabajo y obligándole a trabajar en exclusividad con ellos».

Como reacción, ha surgido un movimiento internacional «que está en contra de que la gente que trabaja la tierra sea la que menos beneficios reciba, y tenga además que trabajar en condiciones indignas». Los agricultores que entran a formar parte del proyecto deben cumplir una serie de requisitos de tipo ecológico. «Tiene que haber un respeto por la tierra y por el medio ambiente. Y hay una parte social para crear más contactos entre el consumidor final y los pequeños productores y para mejorar la salud de las personas».

Los grupos de consumo no tienen intermediarios, o como mucho un intermediario. «Los consumidores se unen en pequeños grupos de unas 10 a 20 personas y compran el producto directamente a los pequeños productores». Esto es lo que se conoce como «canal corto de comercialización, que según el Ministerio de Agricultura es el que deja más beneficios a los pequeños agricultores», asegura Luis Rico.

En La Ecomarca «nos encargamos de toda la logística relativa a los grupos de consumo: actualizar la oferta de productos, enviar los pedidos a los productores, transportar la mercancía hasta los grupos y realizar los pagos a los productores».

El proyecto ecológico de la Iglesia

La agricultura ecológica no es un campo extraño para la Iglesia. En España, desde instituciones católicas se han puesto en marcha huertos ecológicos desde hace más de 30 años. «Es verdad que durante algunos años este tipo de iniciativas estaban un poco olvidadas, pero en la actualidad la crisis las ha impulsado», asegura Rubén Requena, técnico del equipo de Economía Solidaria de Cáritas Española.

Para el secretario general de Cáritas Burgos, Juan José Dueñas, «la Iglesia entiende que tiene una responsabilidad sobre la casa común, como la llama el Papa en su encíclica. Estamos usando un bien que no es nuestro y que tenemos que dejar a las generaciones futuras. Buscamos situar a la persona en el centro de la economía y buscamos el bien común desde la perspectiva social y ambiental».

35.000 metros cuadrados ecológicos y al servicio de la gente

En la provincia de Burgos, en la localidad de Miranda de Ebro, Cáritas cuenta con un huerto ecológico de 35.000 metros cuadrados, en un terreno cedido por el Ayuntamiento. A través del programa de empleo, «estamos dando formación y una posibilidad laboral digna a 18 personas, que al final del proyecto, si todo sale bien, serán en torno a 40 ó 50 personas», asegura Soraya Sáiz, responsable de empleo de Cáritas Miranda.

El proyecto del huerto ecológico de Miranda está dividido en 3 fases. Una primera de «formación y autoconsumo. La segunda es de producción y venta, que pone los productos en el mercado a través de grupos de consumo. La tercera es la lanzadera. Se tratará de montar una empresa de inserción o una cooperativa», explica Tania Busto, técnico del proyecto.

Juanjo, Soraya y Tania coinciden al hablar de la importancia del consumidor. «Comprando y consumiendo un producto ecológico, el consumidor va a comer sano, estará apoyando al agricultor que podrá tener un sueldo digno y, además estará cuidando el medio ambiente», explican. «Necesitamos ciudadanos que tomen conciencia de que a través del consumo pueden hacer una transformación social. Yo puedo, a través del consumo colaborar en la justicia o al contrario. Hacer la compra puede transformar la sociedad», concluye Juanjo.

07 de Julio de 2015